Sueño capturado

“¡Entren, señoras y señores, entren y disfruten de unos momentos de luz! Relájense y vean el mundo en otro color. 

La pintura de Teresa Ruiz de Lobera se sitúa entre la figuración y la abstracción.Los colores son a menudo rojos, rosas, naranjas, lindando con azules turquesas, verdes esmeraldas, veladuras y barnices. Los soportes van desde el bastidor clásico, que es lo menos frecuente, a objetos encontrados, como una caja, una puerta o una ventana

Los materiales, hallados al azar en su entorno privado, incluyen tela de vela, confeti, fieltro, pegatinas. La técnica igual de cambiante: acrílicos, óleo, algo de collage. Los fondos: plástico, tela, cartulina, papel, corteza de árbol, cualquier cosa sobre la que se pueda pintar.

En sus pinturas aparecen músicos, trapecistas, acróbatas, tigres, caballos. Aquí, una flor en la mano de una mujer; allá, un animal con botas. Personajes extraídos del circo en su paseo matinal, mujeres ensimismadas en un entorno, a menudo, sobrenatural. A veces el paisaje se vuelve espectáculo y nada es extraño en él, como tampoco la casa, con sus fieras jugando a hacer malabarismos antes de cenar. Lo cotidiano tiene algo de fiesta, como sus balcones. Una mujer en bicicleta, … que nos recuerda a “Amelíe”, y esa pareja ideal, sentada en el público, viendo la función: “Hay dos formas de enseñar el alma del pintor. O bien como algo misterioso, escondido y sólo en parte visible, o bien como espectáculo, y a todo color. Teresa Ruiz de Lobera se ha decidido por lo segundo. Por eso, y a través de él, el circo le resulta el marco ideal donde recrear pictóricamente sus vivencias personales.

Porque…¿qué es un circo? Un lugar donde se vive más allá de la realidad, en el que todo es posible. El lugar donde nuestra imaginación se funde con el tiempo en un sueño, y sumergidos en una nube de color, por un instante somos flores, gatos, peces y pájaros, para dejar de serlo al siguiente.

Da expresión a su mirada interior. Porque la felicidad, al igual que la melancolía, el anhelo y también, a veces, la tristeza, es un estado de ensoñación. Un sentimiento sublime y absolutamente profundo, que nos lleva al límite, al borde de nuestra existencia, haciéndola, aunque no más fácil, al menos sí más rica y amena. La vida es así. Tiene algo de espectáculo.

Esto es lo que nos ofrece Teresa Ruiz de Lobera en su pintura. Su tesoro mas preciado. Un mundo interior lleno de color y fantasía. Un sueño capturado en los ojos del espectador. Así que pasen y vean ese otro mundo, a menudo ruidoso, exótico y mágico...

Porque ése es el secreto. Hacer de la herida, una flor.

MARIONA BRINES